SANTA SIN CABEZA RELATOS DE TERROR

Mi nombre es Ernesto. Esta historia me pasó en Reynosa Tamaulipas, allá por 1970. Era una época decembrinas cuando llegamos a esa ciudad. Fue el 21 de diciembre para ser más precisos. Nosotros vivíamos en Nuevo Laredo, nos mudamos por el trabajo de mi papá, quien lo promovieron a gerente de una sucursal su empresa.

Esa misma mañana, mientras mi papá arreglaba unos asuntos laborales, el resto de la familia ocupamos la que sería nuestra casa de ahí en adelante. Con 2 plantas era demasiado grande y amplia para los 5 que éramos. Era un cambio radical. Nada que ver con la vivienda anterior. Porque en Nuevo Laredo vivíamos en la Colonia Infonavit, en una casa bastante chica.

Mis papás, mi hermana pequeña, mi abuela paterna, que siempre había vivido con nosotros y yo, que para ese entonces tenía 10 años, empezaríamos una nueva vida ahí. Quiero recalcar que éramos muy unidos.

Esa fue la primera vez que me tocó quedarme solo en mi propio cuarto. Como a las 11 de la noche apagué el foco y me acosté. No sé qué cosa hizo que abriera los ojos. Por un instante y aun entre la obscuridad, alcancé a ver la figura no muy bien definida de alguien que se encontraba en una de las esquinas de mi cuarto.

Parecía solo una sombra. Era tan alta que casi pegaba en el techo. Además era de complexión robusta. De un segundo para otro se hizo muy pequeño, entonces y ante mis ojos se perdió entre la obscuridad. Me enderecé y comencé a buscarlo para saber que había sido eso, pero ya nada miré.

Por la mañana durante el desayuno, los demás comentaron qué habían visto una cosa igual en sus recámaras. Fue mi hermana de 8 años la que dijo que la figura que ella había visto, era la de Santa Claus. Lo extraño era que se había metido al piso.

Me quedé pensando y tenía razón, la que yo había visto era igual. Mi mamá por su parte, aseguraba que esa sombra era de las ramas de un árbol que de vez en cuando se mecía con el aire. Entonces no había porque asustarse.

La noche del 22 de Diciembre volvió a suceder, solo que ahora ya no me pareció que fuera una simple sombra, más bien era una silueta obscura. Poniéndole más atención si era Santa Claus quien estaba en mí cuarto. Igual que la noche anterior, se desapareció en el suelo.

Desde ahí hacía ruidos, e incluso podía escuchar que se carcajeaba. Por el miedo que tenía no me atreví a bajarme de la cama, pero sí me atreví aventarle uno de mis zapatos. Ya nada se escuchó, pero esa noche ya no pude dormir.

Los comentarios del día siguiente fueron un poco más inquietantes, porque mi hermana nos dijo que alguien le había jalado los pies. Además en el cuarto de mis papás miraron a esa figura traspasar la pared. Comenzamos a darnos cuenta que eso ya era algo paranormal.

Mi abuela insistió en que deberíamos pedir ayuda y tenía toda la razón, pero lamentablemente no conocíamos a nadie en esa ciudad. Además sonaría ridículo que dijéramos que estábamos mirando a Santa. Quien nos iba a creer lo que nos estaba sucediendo.

La madrugada del 23 de Diciembre se escucharon muchos ruidos, Mis papás abrieron la puerta de su recámara entonces yo también salí a ver que era todo eso. Lo que vi al bajar las escaleras me sorprendió. Nuestro árbol Navideño y todos los adornos estaban regados por toda la sala.

Mi papá encontró huellas por todas partes, eran de botas de hombre, pero de un número bastante grande. De nueva cuenta mi hermana fue la única que aseguró que quien andaba por toda la casa era Santa y al parecer no le agradaba que estuviéramos ahí.

La noche del 24 de Diciembre fue aterradora. Sería como la una de la mañana cuando mi hermana gritó, todos nos levantamos asustados a ver qué sucedía. Con el miedo reflejado en su cara nos dijo que se le había aparecido Santa y la había tumbado de su cama. Temblando decía que la mano que la jaló estaba muy fría.

Mi papá tratando de minimizar las cosas para calmar a mi hermana, le dijo que si era santa, entonces no tenía porqué asustarse. Su respuesta fue, , porque el que vi, no tenía cabeza ni una mano. Al escuchar eso no pude evitar sentir un escalofrío.

En eso estábamos cuando se escuchó el sonido de una sierra en la planta baja. Mi papá nos dijo que nos encerraron todos en un cuarto mientras él iba a ver qué era eso. Agarró un pedazo de tubo y caminó para las escaleras.

No habían pasado ni 2 minutos cuando se escuchó que venía corriendo, golpeando la puerta con fuerza nos pidió que le abriéramos. Cuando entró estaba espantadísimo, pero lo que alarmó a mi mamá era que se encontraba lleno de sangre.

 

Como pudo mi papá nos dijo que esa sangre no era de él. Contó que al bajar las escaleras se resbaló con un líquido,  se levantó y encendió la luz, entonces se dio cuenta que estaba todo destruido, pero además, en la sala estaba un hombre tirado vestido de Santa Claus, pero tenía la cabeza y un brazo desprendido del cuerpo. El líquido con el que se había resbalado era sangre.

Por primera vez, él fue el que pidió que rezáramos para pedirle a Dios que no nos fuera a suceder nada malo. Me acuerdo que rezamos y rezamos hasta el amanecer. Cuando mi papá se animó a bajar, en la sala ya no había nada. De hecho estaba como si nada hubiera ocurrido. Todas las cosas se encontraban en su lugar y en el suelo no había nada. Fue raro, porque nosotros escuchamos clarito que se caían las cosas.

Como a medio día que salimos al frente de la casa, un vecino de ha lado, nos dijo que nosotros ya habíamos durado mucho en esa casa, siendo que apenas teníamos 4 días. Pero el motivo de su comentario era porque los anteriores dueños solo habían durado una o dos noches antes de salir corriendo, diciendo que él lugar estaba embrujado.

Según nos contó ya hacía muchos años el dueño original de esa casa era un hombre que en Diciembre solía disfrazarse de Santa, porque le agradaban mucho los niños. Una noche antes de la navidad alguien entró y acabó con su vida de la forma más atroz.

Desde entonces, y nadie se explicaba porque, cada época navideña se aparecía así, de la manera como había quedado, tirado en el piso de la sala. Pero además quienes compraban esa casa sin saber lo que sucedía, decían haber visto una cabeza que rodaba por las escaleras.

Por suerte para mi papá esa casa se la había facilitado la empresa, entonces la dejamos y nos fuimos a meter a un hotel en lo que se conseguía una casa de renta. Por 3 0 4 noches nos dormimos todos juntos por el miedo que teníamos y que no se nos quitaba con nada.

Ese es el recuerdo más tenebroso que tengo de la navidad. De todos y quizás por ser la más pequeña, mi hermana sufrió de pesadillas por mucho tiempo. Todavía hasta el día de hoy, no le gusta recordar ese 24 de Diciembre y le da horror ver personas disfrazadas de Santa Claus.

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Encuentralo en Inframundo Relatos de Terror
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