
Para este relato se recomienda discreción. Tengo que decir que mi historia es lo bastante fuerte como para no dar mi nombre. Además evitaré contar las cosas más grotescas que me tocó pasar, pero también las que tuve que hacer. En algunas otras seré lo más breve posible para evitar la censura de YouTube.
Empiezo diciendo que a mis 9 años era una niña maltratada por mi padrastro. Todo lo que me sucedía era con el consentimiento de mi madre, quien al no querer perder a su hombre le solapaba todo e incluso que me acosara.
A mi edad, no sabía lo que era una caricia, mucho menos un regalo, y en nuestra casa nunca habíamos celebrado la navidad. Cuando se llegaba diciembre me emocionaba mirando las luces de colores de algunas casas vecinas, con tristeza sabía que Santa llegaría a sus hogares y todos los niños recibirían regalos. Pero eso no sucedería conmigo.
Entonces un 23 de Diciembre me ocurrió lo impensable. Estaba tirada en el suelo del pequeño cuarto donde me encerraban cuando me castigaban. Me tapaba con mis propios brazos porque no tenía una chamarra para cubrirme y esa noche hacía mucho frío.
Aunque estaba sin luz, mantenía los ojos cerrados intentando dormirme. Lo hacía para que se me pasara el dolor de los cinturonazos que me habían dado por pedir algo de comer. Eran tan frecuentes esos golpes que ya ni siquiera lloraba.
De pronto sentí algo extraño, parecía que alguien me estaba mirando, pero yo sabía que estaba sola en ese obscuro lugar. Al abrir los ojos, y lo primero que miré fue a Santa Claus parado frente a mí.
No me asusté ni tuve una reacción de miedo, porque seguramente lo estaba imaginando. Aunque vestía así como lo había visto muchas veces de lejos, el aspecto de su cara nada tenía que ver con aquel viejo bonachón quien era el encargado de repartir los juguetes a los niños que se habían portado bien todo él año.
Abrí y cerré los ojos varias veces para comprobar que no era una alucinación por los golpes recibidos. Fue extraño verlo en mi casa porque todavía no era navidad, pero además yo estaba castigada exactamente por lo contrario. Según mi mamá y sobre todo mi padrastro, para ellos nunca me portaba bien. Precisamente esa noche me había golpeado muy fuerte y mi castigo era pasar la navidad encerrada en ese lugar.
Con una voz que nunca se me olvida me dijo Santa algo que resonó en mi cerebro… Esta noche te voy a dar un regalo, quieres una muñeca o que desaparezca para siempre a tu padrastro. De su costal sacó una muñeca rubia, preciosa, como yo nunca antes había visto. Sentí que abrí los ojos de más.
Me quise poner de pie pero estaba muy adolorida por el castigo recibido. Santa estiró su mano ofreciéndome el regalo. Aunque yo anhelaba con todas mis fuerzas una muñeca, y a pesar que yo me consideraba una niña buena, que nunca había tenido malos pensamientos, en ese momento recordé las veces que mi padrastro me había pegado con la mano cerrada.
Me llegaron a la mente todos sus insultos, e incluso la vez que me había quemado las piernas con un cigarro. En otra ocasión me había puesto una bolsa de plástico en la cabeza con la intención de asfixiarme.
Poco a poco fui sintiendo un coraje que me hizo desearle la muerte. Miré aquel Santa Claus que cada vez parecía más siniestro, y sin titubear le contesté que desapareciera a la pareja de mi mamá.
En ese momento Santa sonrió al decirme,,, Quieres que se vaya al cielo o al infierno. Quizá ya era mucho el coraje que le tenía acumulado a mi padrastro por todas las golpizas que me había dado si un motivo, pero además por el miedo que le tenía por la forma tan sucia en que me miraba, que no sé de dónde me salieron las palabras, le dije sin titubear,, que se pudra en el infierno. Entonces Santa desapareció.
No pasaron más de 2 minutos cuando se escucharon gritos horribles, no nada más gritaba mi padrastro, también lo hacía mi madre. Se escuchaban tantos golpes que parecía que estaban destruyendo toda la casa. Me asusté tanto que me acuerdo que me tapé los oídos para ya no escuchar. No puedo negarlo, ya me estaba arrepintiendo de lo que había deseado. Luego de un rato todo quedó en silencio.
Se escucharon unos pasos que se acercaban al cuarto donde yo estaba encerrada. Me asusté porque pensé que a mí también me atacarían. Se abrió la puerta de par en par pero del otro lado no había nadie. Temerosa, sosteniéndome de las paredes me salí.
Mi casa estaba destrozada, pero además había rastros de sangre por todas partes, e incluso en el techo y las paredes. Mi mamá estaba recargada en un rincón, llorando, aterrada y con la mirada perdida. Mi padrastro no se miraba por ninguna parte. En ese momento entraron unos vecinos que habían escuchado el escándalo, entonces me enteré lo que había pasado.
Les contó mi mamá que aparecieron unas criaturas horribles que parecían demonios, se le echaron encima a su pareja y lo agredieron a mordidas, arrancándole muchos pedazos, él lo único que podía hacer era gritar.
A ella, aunque intentó defenderlo como pudo, no le hicieron nada. Mi padrastro era su objetivo. Luego entre todas esas criaturas devoraron el cuerpo. Se comieron hasta el último hueso, y desaparecieron.
Los vecinos dijeron que llamarían a la policía pero mi mamá se negó, alegando que como comprobaría eso si no había un cuerpo. Después de hablar un rato, pudieron calmar a mí mamá y se ofrecieron ayudarle a limpiar a casa para evitar problemas. Para que los vecinos no me vieran todos los moretones y las cicatrices que tenía en todo mi cuerpo por tantos castigos, mi mamá me volvió a encerrar en aquel cuartucho.
Todavía no salía de mi asombro por lo que había ocurrido cuando Santa se apareció de nuevo para decirme que me tenía un segundo regalo. Me preguntó si quería la muñeca o que desapareciera a mi mamá para siempre.
De nueva cuenta recordé los maltratos verbales, los golpes, las veces que me encerró desnuda por 3 o 4 días sin comer y sin tomar agua. Me acordé que me gritaba que me odiaba y que le estorbaba para ser feliz.
Estaba a punto de decirle que la desapareciera pero me arrepentí en el último momento, después de todo era mi madre. Entonces estiré mi mano y agarré la muñeca. Santa hizo un gesto horrible de desagrado y me tentó diciendo que no tendría otra oportunidad de deshacerme de ella.
Lo pensé unos segundos, y volví a decir que no. Entonces Santa desapareció. Quisiera que aquí terminara mi historia pero no fue así. Mi madre no cambió, al paso de unos meses se volvió a juntar con otro hombre que era igual o peor que mi padrastro.
La primera vez que me encerraron en el cuarto aquel, desee con todas mis fuerzas que se me apareciera Santa para decirle que desapareciera a los 2, pero eso nunca ocurrió. Era tanto mi coraje contra ellos que hasta invoque al diablo, pero igual no tuve resultados.
En la primera oportunidad que tuve me escapé y como pude fui a dar con mi abuela paterna quien me recibió con gusto en su casa. El siguiente año festejé por primera vez la navidad, para evitar tentaciones de desearle un mal a mi madre evité acercarme a cualquier Santa.
Nunca se me olvidan aquel 23 y 24 de Diciembre, cuando Santa Claus me dio 2 regalos, me libró de los maltratos de mi padrastro y la muñeca rubia, que hasta la fecha conservo.
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