EL ALTAR

 

Buenas noches a todos, quisiera contarles de mi vida como mujer de la vida galante, pues recuerdo una época oscura y aterradora en la que me encontraba atrapada en un lugar espeluznante como sexoservidora. El burdel en el que trabajaba tenía un secreto muy siniestro y eso era: un altar demoníaco en el sótano. Desde el primer día en que lo descubrí, mi vida se convirtió en una pesadilla constante. Ahora ya me encuentro muy lejos de todo eso finalmente puedo respirar en paz y seguir con mi vida.

Pues bien, inicié con este tipo de trabajo a muy temprana edad, para mi desgracia fui una de tantas chicas que enamoran los chavos que trabajan en esas redes, después de muchas palabras dulces, el tipo me convenció de irme a vivir con él a otro estado y una vez allá me encerraron en una especie de hotel donde tenía lugar todo lo terrible que sucedió en mi vida hasta ese momento.

Cada noche, sin importar cuán aterrada estuviera, me obligaban a trabajar frente a ese altar demoníaco. El ambiente estaba impregnado de una energía malévola y sentía la presencia de fuerzas oscuras acechando a mi alrededor. La habitación estaba iluminada por velas que arrojaban sombras en las paredes que parecían moverse de una manera que al unirse era ver como entes demoniacos creando una atmósfera aún más escalofriante.

Cuando iniciábamos con la intimidad que esos tipos pagaban, mientras recorrían mi piel con caricias que no eran ni remotamente amables, podía notar que entidades oscuras danzaban alrededor de nosotros, eran como bultos con siluetas casi humanas, con formas que me asustaban por sus ojos rojos que me veían fijamente, como si fuera un cordero listo para el sacrificio que se estaba logrando gracias a que me tenían sometida a maltratos infrahumanos.

Mis clientes, hombres extraños y con miradas perversas, parecían estar poseídos por una lujuria descontrolada y peligrosa. Realizaban actos depravados frente al altar, invocando a los demonios y alimentando su propia perdición. Mi cuerpo temblaba de miedo y repulsión mientras realizaba los actos más oscuros y humillantes para satisfacer sus deseos retorcidos. No tenía otra opción más que obedecerles porque en caso contrario me esperaban castigos aún peores.

A medida que pasaba el tiempo, los efectos del altar comenzaron a manifestarse de manera más intensa. Pesadillas horribles me atormentaban durante el sueño, esas pocas horas que tenía de descanso encerrada en una habitación sin ventanas, para que no tuviera la maravillosa idea de escapar, me las pasaba siendo testigo de visiones de criaturas infernales y escuchando una serie de actos horrendos que se llevaban a cabo en las habitaciones aledañas.

De a poco, mi mente se volvió cada vez más confusa y poco a poco mi cordura comenzó a irse lentamente, al grado de que ya no me importaban los actos perversos que eran ejecutados sobre mi cuerpo, era como si estuviera anestesiada o sedada, conforme pasaban los clientes, de pronto se me ocurrió la idea más demente de ese abismo de desesperación, me detuve un momento a pensar si no podría ser un ente que ejecutara sus deseos, que obtuviera beneficio de todo lo que estaba pasando en comparación con los hechos violentos que me estaba haciendo.

Así que una de esas noches de pesadilla tuve un momento de lucidez y decidí que ya no podía permitir que esto continuara. Me negué rotundamente a trabajar frente a ese altar demoníaco, vi a las figuras de entes del mal y les propuse que, si me dejaban salir de ahí, les llevaría al menos un alma al año.

Mientras les mencionaba estas palabras frente a un cliente desorientado que estaba a punto de darme un puñetazo a la mandíbula, la estatua que parecía ser de un demonio mitad hombre y mitad mujer, con una cabeza de cabra, brilló de manera espeluznante y me sentí con la capacidad de dar pelea a mi abusador. Enseguida, mucho antes de que él me hiciera más daño, interpuse mi brazo contra el puño que me iba a dar en la cara y luego le di un jalón que gracias al impulso que llevaba lo hizo caer directo al suelo, por obra de las criaturas que nos rondaban en esa habitación, su cuello crujió de forma horrible contra el piso, sonó como si se hubiera roto una madera. Luego de unos momentos el aire se aclaró, entonces sentí la inmensa necesidad de tomar la estatua del altar, y lo hice, pese a que parecía ser muy pesada o debía serlo por estar hecha de metal, apenas lo sentía en mis manos.

Caminé fuera de la habitación, donde el dueño del burdel, un hombre de gran estatura, cuerpo muy gordo, con una cojera que era producto de un tiro que recibió en la pierna, perverso y siniestro, se enfureció y me amenazó con una pistola en la mano, decía que estaba dispuesto a darme un tiro en ese mismo momento. Pero ya no tenía miedo. Había encontrado dentro de mí una fuerza que no sabía que poseía, alimentada por el terror y la indignación. No iba a dejar que ese lugar me consumiera por completo, aunque tuviera que incendiar todo, y precisamente eso fue lo que hice.

Vi que detrás de él estaba una fuente llena de velas que hacían la entrada al lugar aún más misteriosa, así que pensé que lo mejor era volcar eso para iniciar un fuego acompañado de todos los materiales inflamables que había cerca de eso, como las cortinas de tela renegrida, el alcohol derramado en el piso que evidentemente ese hombre había estado bebiendo, incluso la pólvora que tenía encima por las balas que cargaba. Sentí que el demonio me sonreía, de pronto no era yo la que estaba al mando de mi cuerpo, solamente era una espectadora que podía observar cómo el ente tomaba el arma que me estaba apuntando a la cabeza de frente y pese a que el hombre presionaba el gatillo una y otra vez no podía dispararme, luego mostrando mis dientes de forma que solamente lo puede hacer un ente demoníaco liberado, le metió miedo en lo profundo del alma al proxeneta.

Volteó el arma y le disparó directamente a las velas que estaban detrás de él, a unos centímetros de su cabeza, luego arrojó el arma lejos, el hombre se había quedado como piedra, parecía a punto de desfallecer de un infarto porque se había llevado las manos al corazón, poco a poco el fuego comenzó a consumir el burdel entero, el ente en posesión de mi cuerpo no soltó la estatua, simplemente salió del inmueble y cerró la puerta principal con una silla que había sacado con su mano libre.

En medio de la noche vi como las flamas anaranjadas y carmesí envolvían todo el edificio, escuché los gritos de desesperación de las personas dentro, que inocentes o culpables estaban sucumbiendo a ese humo horrendo, no podía apartar la vista porque el demonio estaba orgulloso de su obra, finalmente cuando se aburrió me cedió en control de nueva cuenta.

Corrí lejos de allí, con la determinación de dejar atrás ese oscuro capítulo de mi vida. A medida que me alejaba, sentía cómo la presencia del altar demoníaco se desvanecía lentamente, como si finalmente me hubiera liberado de sus garras o al menos estuviera durmiendo poco a poco, con una gran satisfacción por lo que acababa de pasar. Escuché una voz en mi cabeza que decía que con eso me daba un periodo de gracia de tres años para poder seguir pagando mi deuda, era un tono horrendo, profundo y oxidado el que me hablaba, como ninguna voz que hubiera escuchado antes.

Aunque la experiencia dejó cicatrices profundas en mi alma, también me hizo más fuerte. Desde aquel día, he luchado por reconstruir mi vida, sanar las heridas emocionales y encontrar la redención en medio de la oscuridad. Aunque los recuerdos de aquellos días me atormentan ocasionalmente, sigo adelante, sabiendo que he sobrevivido a un infierno real. Ahora lo que me pregunto es qué pasara una vez que los tres años se cumplan y tenga que darle una vida cada que pase la fecha, a cambio de mi libertad.

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