
Enviado por Ofelia Tolentino
Escrito y adaptado por Cofradía de Brujas
Para Inframundo Relatos.
Buenas tardes o noches señor Alejandro, me dicen doña Ofelia, tengo 72 años y mis hijos, nietos y yo somos fans de su canal, quiero contarle algo que sucedió cuando yo era muy joven, allá por 1964 en un poblado del Estado de México conocido como La Magdalena Atlicpác, situada en los Reyes la Paz, generalmente las cosas aquí siempre se han tratado a la brava, eran comunes los pleitos de cantina, los balazos, las serenatas, los escándalos, especialmente en épocas de carnaval y vísperas del 6 de enero que es la fiesta patronal, el caso es que mucha gente ha olvidado que en éste pueblo hubo Nahuales, duendes y brujas y fue una de éstas últimas la que trajo terror a los corazones y almas de los pobladores de éste popular municipio, para ir al centro de los reyes desde acá, tenías que salir a la carretera y agarrar un guajolotero de los que iban al centro y tardaban horas en pasar, ese día en la fiesta patronal para variar hubo balazos y peleas, lo de siempre, pero lo que nadie se esperaba era que en el basurero de las afueras del municipio encontrarían los restos mutilados de un hombre, nadie supo de quien se trataba pues la verdad dejaron muy poco de él.
En el municipio había una señora de Oaxaca, de Valles Centrales que se llamaba Nicolasa o Doña Nico como muchos le decían, ella vendía según los dichos de la gente, los mejores tamales del mundo, casi nunca se quedaba más de dos horas vendiendo, pues acababa rapidísimo toda su mercancía, hasta el caso de ir tres veces al día debido a la demanda, ella era como de 50 años, robusta, muy amable, pero por alguna razón a nadie de mi familia nos caía bien, y era raro porque nunca nos hizo nada, pero era su mirada lo que te ponía mal, era pesada, como miran los coyotes, una mirada fría y perturbadora, como si literalmente quisiera comerte, hasta hacían cola por horas para comprarle, mi mamá decía que la Nico era bruja, pero yo pensé que era algo figurativo, no literal, el caso es que a los 8 días, encontraron a otro fulano tirado en un costal igual, solamente las partes más evidentes, pero del resto nada, la policía para variar no sabía ni qué hacer, hubo cateos, arrestos, pero nada, al parecer todo el mundo estaba detenido, el caso es que a la semana, nuevamente hubo otro cuerpo en las afueras, ésta vez mucho peor que los anteriores, mientras Nicolasa ya hasta camioneta tenía para traer más tamales, los cuales no duraban nada en venderse.
Por alguna razón, la policía fue a casa de Nicolasa para hacerle unas preguntas, ésta los recibió de manera amable, los sentó a la mesa y les puso tres platos repletos de tamales, platicó, contestó las preguntas de manera tranquila y cándida, nadie podría sospechar de una señora tan amable y atenta, pero al parecer, la suerte no estuvo con la Nico ese día, uno de los policías judiciales que estaba presente, accidentalmente tropezó debido a que se enredó con una gran cortina de terciopelo negro, haciendo que ésta cayera al piso, dejando al descubierto el oscuro secreto de doña Nico, quien tenía un altar negro a Satanás, donde le ofrendaba la sangre de aquellos infortunados con los que obtenía la carne para su producto alimenticio, cosa que no solamente horrorizó a los oficiales que hicieron la detención, sino a todos los clientes asiduos de la bruja tamalera, más tarde ella confesó que evidentemente en todos los años que tenía viviendo en el municipio de los Reyes, ella había obtenido su materia prima de los bandoleros que iban de buscapleitos a las fiestas y otros más sirviendo a su señor oscuro trabajando como bruja para alguna gente de dinero que también se vio embarrada hasta el cuello del asunto, nadie sabe que fue de Nicolasa, pero eso sí, todo lo referente al caso, se calló para siempre por órdenes de gente muy importante de aquí, al menos eso es lo que mi mamá decía de la Nicolasa, gracias por escucharme.
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