TRES TOQUIDOS

Enviado por Efrén López

Escrito y adaptado por Cofradía de Brujas

Para Inframundo Relatos.

 

Cuando iniciaba mi carrera como policía municipal, nunca me importó que el destacamento estuviera enfrente del panteón, por no decirlo prácticamente dentro del mismo, para no dar tentaciones omitiré el nombre del pueblo, pero les diré que está en una zona muy famosa del estado de México por su actividad paranormal, era 1988 cuando recién graduado de la academia pedí me destacaran en mi pueblo, pues hacían falta elementos de policía para brindar seguridad a la población, y aceptaron mi pedimento, así que llegué como policía tercero a mi nueva unidad, me hice de buenos amigos y de inmediato me dio curiosidad que debíamos entrar o salir del cuartel por el cementerio, desde allí comenzó lo extraño.

 

Pasa que la vieja hacienda donde ubicaron el camposanto, quedó abandonada, dando uso al terreno como panteón, mientras que a la casona se le adecuó como cuartel, desde la primera noche, ocurrieron cosas que no me podía explicar, en ocasiones se veían sombras atravesando el panteón, pero al ir a revisar no encontrábamos nada, en otras ocasiones, compañeros afirmaban escuchar que los perros perseguían a un animal en la entrada, pero igual al salir a ver no había nada, pero lo más perturbador de todo venía de dentro de la casona, donde había un ala de la construcción clausurada y que cada noche exactamente a las 3 de la mañana, alguien tocaba tres veces la pesada puerta de madera, tres toquidos a las tres, tres más a las 3 y media y los últimos 3 al 10 para las 4 de la mañana sin falta.

 

Cada noche era lo mismo, primero las sombras, luego los perros y finalmente los toquidos, hasta que en una celebración que iba a realizarse en el cuartel, permitió que mandos medios y superiores pudieran ser testigos de lo que los oficiales pasaban cada noche de turno, lo que permitió que se extendiera una solicitud al gobierno municipal para abrir la enorme y pesada puerta, al hacerlo, se encontraron los vestigios de quien en vida hubiera sido el dueño de la hacienda, nadie había sabido de él, los herederos eran línea indirecta del señor, por lo que se presume, al anciano lo abandonaron a su suerte en esa desolada casa, hasta que falleció, quien tocaba las puertas en las madrugadas, era ni más ni menos el espíritu errante del difunto que al ser descubierto y debidamente sepultado, jamás volvió a manifestarse en el cuartel.

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