
Enviado por Esteban Martínez
Escrito y adaptado por Cofradía de Brujas
Para Inframundo relatos.
Buenas tardes o noches, me llamo Esteban, llegué de provincia a la capital cuando era un muchacho, recuerdo que por no tener conocidos y ser menor, nadie me quería dar trabajo, anduve buscando pasando hambres y frío, ya que era la época de lluvias en aquél entonces, recuerdo que iba pasando por la vieja estación del tren, que ahora es ocupada por el metro Los Reyes, en la paz, estado de México, no había mucho para mí en aquél entonces, para mi buena fortuna, un viejo muy amable llamado Ceferino, me vio penando y tan flaco que me invitó a su casa a comer, su esposa, doña Paz, era una de esas señoras a la antigua, con sus enormes enaguas de varios fondos y sus canosas y larguísimas trenzas.
Eran personas de pueblo, chapadas a la antigua, pero muy amables, aunque por alguna razón, en el pueblo no los querían, dicho de otro modo, les tenían miedo, decían que Don Ceferino era una especie de brujo que hacía maldades a la gente que le caía mal, pero a mí se me hacía un abuelito muy bueno, de hecho me consiguió trabajo en el panteón municipal, algo que de hecho me daba miedo, yo respetaba mucho a los muertos y hasta la fecha lo hago, pero necesitaba urgentemente el dinero y no me quedaba de otra, además no podía quedarle mal a quien me había tendido la mano.
Una de esas noches que me tocaba velar, escuché unos ruidos entre las tumbas, era mi trabajo el procurar que nadie se robara nada y ay, muchacho, maldito error, lo que llegué a ver me dejó helado, quizás en parte por el frío de la madrugada lluviosa, en parte por el lugar donde me encontraba, pero lo que vi, fue ni más ni menos a Don Ceferino llevándose las partes de un cuerpo descompuesto, mientras se comía otra que sostenía en la otra mano, no era un costal, sino la misma mortaja del féretro donde estaba echando su espantoso botín, mi deber como velador era detenerlo, pero el miedo y el remordimiento me ganaron, hice lo correcto y lo reporté al sereno, quien de inmediato le dio persecución y dándoles dos certeros tiros lo detuvo, al registrar la casa de los ancianos, se llevaron la espantosa sorpresa de que ellos no solamente saqueaban los sepulcros, sino se alimentaban de los putrefactos cuerpos, mientras vendían las joyas en las casas de empeño y los huesos a las brujas para sus rituales oscuros, muchas gracias, ésto pasó realmente aquí en los reyes la paz allá por 1958, saludos.
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