DEMONIOS EN EL CAMINO RELATOS DE SICARIOS

Mi relato inicia hace algunos años, cuando apenas iniciaba en todo este rollo de la delincuencia organizada. No puedo decir que antes de eso era un santo, básicamente desde que me acuerdo me dediqué a ir escalando en las habilidades que se requieren para cometer delitos y no meterme en el bote más tiempo de lo necesario.

Por ahí de los quince años, conocí al grupo donde estoy ahora y como vieron que era bueno para hacer encargos, me pusieron al frente de una pequeña cuadrilla de chamaquitos como yo. En ese momento nos dejaban tareas sencillas de vigilancia, poco a poco fueron aumentando la cantidad y peligrosidad de los golpes que debíamos dar. En ese estado, nos daban un vehículo para patrullar las brechas principales que conducían hacia la base de operaciones, así que era importante mantenerlos despejados de ojos curiosos.

El patrón tenía buenas relaciones con el gobierno, así que en regla general los turnos que nos tocaban eran lo suficientemente tranquilos como para pasar por ellos de noche sin llevar demasiado equipo adicional a nuestras armas de alto poder y blindajes.

En una ocasión que íbamos de patrulla, bajo la luz amarilla de la luna llena, tuvimos que tomar un desvío en medio de las plantas salvajes del cerro, con tal de evitar un convoy del ejército que iba de paso por allá. Al tomar el camino secundario, la troca en la que íbamos brincaba como endemoniada, en poco tiempo llegamos a un claro desconocido desde el cual podríamos decidir la mejor dirección para irnos.

De pronto, de entre los árboles chaparros, surgió un ser que parecía una especie de diablillo de esos que pintan en las ilustraciones de las iglesias. Tenía un par de alas membranosas pequeñas, hechas de una especie de cuero negro, la piel era escamosa y de tonos rojizos, pasando por ocres, tenía un par de cuernitos y trataba de hablarnos con voz burlona.

Después de repetir algunas frases, por fin dio con un idioma que podíamos entenderle y lo que nos decía era que querían proponernos un trato: si jugábamos a las cartas con ellos, nos darían lo que quisiéramos, incluso invulnerabilidad a los ataques de nuestros enemigos, siempre y cuando apostáramos algo igual de valioso.

Yo no quise aceptar, la situación era demasiado rara como para que me animara, no había siquiera explicación desde donde estaba saliendo el diablillo o por qué nos ofrecería eso sin que fuera una trampa. Uno de los muchachos dijo que sí, la apuesta era dinero infinito, si perdía les tenía que dar su alma y la de al menos un condenado al día, en caso contrario, si en algún momento no podía darles un alma, tomarían la suya.

Para mis ojos era un trato por demás cansino, pero el chico sin nada mejor por lo cual vivir, dijo que lo aceptaba. En ese instante, de los árboles a nuestros lados salieron un montón de diablillos igual que él, al menos unos 20, haciendo jolgorio, dejando unas botellas de tequila en el centro del claro además de una baraja con cartas.

El bloque de cartas era elegante, perfiladas en oro, estaban ilustradas de forma elegante. Enseguida el diablillo anunció que el juego sería póquer, explicó las reglas e iniciaron con su partida. Como los compañeros del ser estaban volando alrededor, era muy sencillo que pudieran hacer trampa al decirle a su congénere qué cartas jugaba mi compañero, de forma que hicimos una pequeña barrera detrás de él para evitarlo.

Seguimos sin saber cómo, supongo que el chico tenía mucha suerte, le ganó la partida al diablillo, que enseguida comenzó a protestar junto con su juerga de amigos, tratando de hacernos daño mientras revoloteaban por encima de nuestras cabezas, queriendo rasguñar con sus pequeñas garras, dando patadas con los pesuñas de cabra que tenían por pies.

Era claro que no iban a cumplir con el trato, así que jalamos al hombre y espantando a los diablillos nos pelamos a la troca como pudimos, enseguida arranqué con toda la velocidad que daba y manejé como nunca, evitando obstáculos, tratando de no voltearnos. El chico del trato iba pálido como el papel, pero la alcanzamos a librar, los seres dejaron de perseguirnos unos kilómetros después. No hablamos más del tema de nuevo, pero creo que está claro que no aceptaremos tratos con ninguna entidad después de eso.

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